Museo tecleño

Fue edificado en 1901 y 1902. Es una de las construcciones más antiguas de Santa Tecla, por ello es rico en historia. El museo fue diseñado con el propósito de ser la prisión municipal, pero con el tiempo se le fue dando diferentes usos, siempre con el fin de ayudar al pueblo salvadoreño.

Luego en los años 80 pasó a ser la primera cárcel destinada a reos políticos del país, situación que causo mucha polémica. Después de un par de años llega una fecha que jamás se nos va a olvidar: 1992, los acuerdos de paz. Con estos el edificio se convierte en salón de clases, y finalmente en el 2007 se proyecta el Museo Municipal Tecleño que queda como memoria para la historia y los diversos temas por los cual transitó El Salvador.

Algunas peculiaridades son: la entrada en forma de castillo, la decoración tan creativa con los materiales tan sencillos, las narraciones de cada celda con sus diferentes dibujos, entre otras. Se puede ver cómo el hombre fue evolucionando a través de los años y que tan importante fue la cultura y el conocimiento.Mus

MUNA

Es la primera vez que entro en este acogedor museo. Dentro de sus salas se encuentran varias de las más significativas piezas culturales y artísticas del país. Lo mejor de todo es que las instalaciones están accesibles para poder ser visitadas por los capitalinos de martes a domingos.

En del lugar lo que más llamó mi atención fue la exhibición sobre la Historia de la Religión en El Salvador. La forma en la que se ve el desarrollo de la sociedad reflejado en el arte es impresionante.

Gracias a su sala temporal siempre hay algo diferente que ver. Espero ver pronto nuevas obras, esculturas y descubrimientos arqueológicos. La combinación de cultura, diversión y aprendizaje se encuentra solo en el Museo de Antropología David J. Guzmán.

Palacio tecleño

El famoso y tan mencionado Palacio Tecleño es una de las arquitecturas más importantes de Santa Tecla. A diferencia de muchos monumentos culturales este esta activo todos los días, inclusive los fines de semana por la noche gracias a su buena ubicación. El palacio se encuentra en el Paseo del Carmen. Los días miércoles, viernes y sábado se llenan el interior y  las afueras de lugar con mesas donde la gente puede consumir una gran variedad alimentos y bebidas. A los extremos se ponen toldos donde venden objetos tradicionales.

Una peculiaridad fue que, en el afán de averiguar que tanto conocían de la historia del sitio los ciudadanos, le preguntamos a un seguridad del CAM que si sabia el sobre el edificio y su respuesta fue la siguiente: “tengo el conocimiento que fue construida en 1924 para una familia de mucho dinero, luego paso a ser la primera alcaldía y finalmente en el 2001 después del terremoto se reconstruyo y se convirtió en el palacio de cultura y bellas artes tecleño, el cual permanece hasta la actualidad”. Sorprendentemente al pasar a las oficinas la información era justa la que nos había brindado aquel hombre.

Sin duda la diversión y la belleza se juntan en este apacible lugar. Recomiendo lo visiten a cualquier hora.

De paseo por el Tín Marín

Jamás pensé que pudiera tener tanta diversión en un lugar en el centro de San Salvador. Es un museo de niños, aunque asisten adultos también. Ahí hay de todo lo que se pueda imaginar: simulación de un quirófano, una boca, un supermercado, un estudio de televisión y muchísimo más.

Me emocioné cuando entré a la clínica, era una réplica exacta de una real. Inmediatamente me puse el traje de médico que estaba en una percha pegada a la pared y logré sentirme como un doctor. Estuve un buen rato en ese sector explorando cada detalle del cuarto.

Luego recorrí un extraño pasadizo oscuro en el que solo se veían unos bultos que colgaban de los muros que simulaban las caries en una boca. Fue un momento aterrador, creí que quedaría encerrado por el resto de mi vida ahí dentro y que moriría de hambre y sed. Al fin salí, mi miedo se fue mientras me deslizaba por un tobogán que daba fin al lugar.

El área del supermercado fue muy entretenida. Todos los insumos necesarios para abastecerme de comida se encontraban ahí, lástima que no eran reales; pero a pesar de eso me divertí.

Finalmente visité el Notín Marín: una copia perfecta de un centro de producción de televisión. Imité a los presentadores de las noticias y sentí que de verdad era uno. Al principio tuve un poco de pena porque la señora que coordinaba las operaciones del estudio de grabación me daba las indicaciones y yo no estaba seguro de entenderlas bien ni de que iba a hacer correctamente lo que me pedía. De todas formas, lo que importaba era que lo disfrutara y así lo hice.

No cabe duda que fue una experiencia única, aprendí mucho de todo. No pude evitar leer los letreros pegados por doquier en los que están escritos consejos para situaciones tan cotidianas pero que jamás me había detenido a analizar.

Balada poética

Balada poética

El pasado viernes fui a la famosa Escuela Superior de Economía y Negocios, siempre escuche sobre su prestigio y me pareció interesante ir. Pero el verdadero motivo que me trajo a este lugar fue que se llevaba a cabo un recital de música. El grupo se llamaba “Balada poética”, tocan muchos instrumentos, y las cantantes tenían una voz hermosa.

Después de cantar una integrante del equipo declamaba un poema, estos eran sombríos y estremecedores, sus metáforas eran bastantes y se notaba que cada verso buscaba dejar un mensaje en todos los espectadores. Sus letras hablaban bastante sobre el amor y la vida, al oírlos me sentí muy identificado. Me quedé con muchas ganas de más pero tengo que conformarme con escuchar la radio. Sin duda expresarse de esa forma es un arte. No espero por regresar y contarles a mis amigos acerca de esta experiencia.

El Zoologico

Hace unos días visité el zoológico junto con muchos amigos. Nos costó bastante dar con su ubicación, anduvimos dando vueltas como locos por varios lugares desconocidos hasta que decidimos preguntar a un transeúnte por la dirección exacta.
Al fin llegamos y empezamos muy entusiasmados a explorar. Primero fui a la zona de los primates, me causó mucha risa verlos. Observamos a los jaguares, al hipopótamo que estaba sumergido en el agua y apenas asomaba la cabeza, animales extraños que jamás imaginé.
Para dirigirnos al hábitat de las aves tuvimos que cruzar un puente, me dio un poco de miedo resbalar y caer, por suerte nada pasó. Cuando llegué, recordé que hace algún tiempo habían robado a las guacamayas. Presté atención cuidadosamente las jaulas tratando de encontrar una explicación lógica ante tal acontecimiento y me pregunté: “¿Cómo habrán “escapado?”, no pude responderme. Seguí el recorrido junto con mis compañeros, regresamos al otro lado del zoológico y buscamos algo de agua.
Queríamos ir a la zona de las serpientes pero estaba demasiado lleno, la fila era larguísima y ya estábamos cansados. Dimos por terminada la visita al Parque Zoológico de El Salvador, el lugar en el que puedes ver a los animales de cerca, y volvimos a nuestras casas.
Fue un bonito viaje, aunque mis amigos dicen que hace falta la presencia de Manyula. No pude conocerla, lastimosamente, me imagino que su recuerdo está en la mente de los salvadoreños y eso habla muy bien de ella.

Logo del Zoológico Nacional.